lunes, 18 de enero de 2010

Momo o La Extraña historia de los ladrones de tiempo y de la niña que devolvió el tiempo a los hombres (Michael Ende, 1973)



Paseando por el tiempo. Podría ser esta la frase para expresar una de las sensaciones principales al leer esta pequeña joya de Ende. Un libro juvenil para mayores, con más trasfondo que entretenimiento (que no es poco) y más pensada de lo que puede parecer. Contada a través de los ojos, pensamientos y sentimientos de una niña, entrelaza la historia sobre los hombres grises hechos de ceniza y la lucha de la pequeña por devolver el tiempo a sus queridos amigos convertidos en autómatas tristes sin tiempo.

Trasfondo dónde la protagonista es la desoladora realidad que nos ha proporcionado los sistemas económicos modernos, pudiendo entrever una crítica a nuestra forma de proporcionar tiempo a cosas materiales que nos hacen creer ser más felices olvidando y dejando de lado las más cotidianas, simples y sin valor económico que realmente hacen a una persona diferente, especial y feliz.

Sensibilidad adaptada a los tiempos traída de la mano de Ende y sus inolvidables personajes. Para niños y mayores o mayores niños.

“Poco tiempo después -era una tarde especialmente calurosa- Momo encontró una muñeca en las escaleras (…).

- Hola. Soy Bebenín, la muñeca perfecta.

Momo se retiró asustada, pero entonces contestó, casi sin querer:

- Hola; yo soy Momo.

De nuevo, la muñeca movió los labios y dijo:

- Te pertenezco. Por eso te envidian todos.
- No creo que seas mía -dijo Momo-. Más bien creo que alguien te habrá olvidado.

Tomó la muñeca y la levantó. Entonces se movieron de nuevo los labios y dijo:

- Quiero tener más cosas.
- ¿Ah, sí? -contestó Momo, y reflexionó-. No sé si tendré algo que te vaya bien. Pero espera, que te enseñaré mis cosas y podrás decir qué te gusta.

Tomó la muñeca y pasó con ella por el agujero de la pared hasta su habitación. De debajo de la cama sacó una caja con toda suerte de tesoros y la puso delante de Bebenín.

- Toma -dijo-, es todo lo que tengo. Si hay algo que te gusta, no tienes más que decirlo.

Y le enseñó una bonita pluma de pájaro, una piedra de muchos colores, un botón dorado y un trocito de vidrio de color. La muñeca no dijo nada y Momo la empujó.

- Hola -sonó la muñeca-. Soy Bebenín, la muñeca perfecta.
- Sí -dijo Momo-, ya lo sé. Pero querías escoger algo. Aquí tengo una bonita casa de caracol. ¿Te gusta?
- Te pertenezco -contestó la muñeca-. Por eso te envidian todos.
- Eso ya lo has dicho -dijo Momo-. Si no quieres ninguna de mis cosas, podríamos jugar, ¿vale?
- Quiero tener más cosas -repitió la muñeca.
- No tengo nada más -dijo Momo. Tomó la muñeca y volvió a salir al aire libre. Allí sentó a la perfecta Bebenín en el suelo y se colocó enfrente.

- Vamos a jugar a que vienes de visita -propuso Momo-.
- Hola -dijo la muñeca-, soy Bebenín, la muñeca perfecta.
- Qué amable de venir a verme -contestó Momo-. ¿De dónde viene usted, señora mía?
- Te pertenezco -prosiguió Bebenín-, por eso te envidian todos.
- Escucha -dijo Momo-, así no podemos jugar, si siempre dices lo mismo.
- Quiero tener más cosas -contestó la muñeca, mientras pestañeaba.

Momo lo intentó con otro juego, y cuando éste también fracasó, con otro, y otro, y otro más. Pero no salía bien. Si la muñeca por lo menos no hubiera dicho nada, Momo habría podido contestar por ella, y habría resultado la conversación más bonita. Pero precisamente por hablar, Bebenín impedía cualquier diálogo.

Al cabo de un rato, Momo tuvo una sensación que no había sentido nunca antes. Y porque le era completamente nueva, tardó en darse cuenta de que era aburrimiento.

Momo no sabía qué hacer. Le habría gustado dejar tirada la muñeca perfecta y jugar a otra cosa, pero por alguna razón desconocida no podía separarse de ella.”



Maravillas.

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